El puro de la victoria

Yo me lo termino de fumar el martes de carnaval. Sí. En San Roque. Tengo el gustazo de encargarlo por septiembre, cuando ya se escucha algún que otro repenique por el Nevero, o alguna murga ya está dando la murga en la Buhardilla con sus primeras cábalas. Sí, es grato encargarlo por aquella época, pero, ¿qué me decís del gustazo de prenderlo en las Candelas de Santa Marina?. Me encanta ver cómo humea mi puro. Me encanta ver cómo arde, y se pierden en el horizonte mis malas vibraciones. Me encanta cómo, pocos días después, las Candelas de San Fernando ahuyentan las duquelitas de mi pueblo, mientras de fondo suena la Banda Sonora de mi tierra.

Llega el momento de recostarme sobre mi butaca. Coger mi copita, mi puro, y dar otra caladita mientras contemplo el diario cantado que se presta en el Teatro López de Ayala. Donde los protagonistas de las noticias las cantan en primera persona.

Reconozco que cuando llega el Pregonero, y anuncia mis carnavales, hace que pierda el sentido, la atención, las formas, la consciencia… pero me debo a la calle, y nada más existe.
Se acaba mi tiempo de saborear mi carnaval, para dar comienzo a solamente disfrutar de él sin conocimiento. No existen los valores añadidos, solo existen los momentos que da la calle. En ella he visto amistad, amor, risa, llanto, baile, cante, locura, creatividad, talento, ingenio, y muchas más cosas que, puede o no, se queden en esos días, pero nadie piensa, ni debiera hacerse, en lo que pasará cuando se entierre la sardina. 


El único permiso que me doy, para esos días, es durante el Gran Desfile de Comparsas, Artefactos y Grupos Menores, pero única, y básicamente, por el compromiso que supone otorgarle a mi carnaval la Declaración de Interés Turístico Nacional, donde además de disfrutar, es de obligado cumplimiento “hacer disfrutar”.

Vuelta a la inconsciencia, tras otro día de fiesta, y de camino a San Roque para enterrar la Sardina, es cuando vuelvo a prender mi puro, con mi copita de anís en mano. Entonces es cuando me siento en la calzada, y mientras veo cómo desfilan mis comparsas, las de todos los pacenses, doy mis últimas caladitas anestesiado por el ritmo de la más grande de nuestra fiesta. 

Entonces, es cuando vuelvo a la tierra, miro al cielo, me siento vencedor y digo para mí mismo… ¡de puta madre Felipe, lo has hecho, de puta madre!
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Autor del artículo:

Felipe Moreno León

De Badajoz, y todo lo que ello conlleva. Blanquinegro 1905% convencido, romero, feriante, “almossassero”, cantante de villancicos callejeros, aficionado a colarme en balcones para ver las procesiones, novelero por excelencia y, por supuesto, y ante todo, carnavalero.

Nací, carnavalescamente hablando, en el seno del “Coro-Comparsa La Conga”, siendo el niño gordito que llevaba el estandarte. Maduré bailando en la “Comparsa la Bullanguera” porque no me dejaban ser músico. Aprendí a reponerme de los graves accidentes del Artefacto de “Los ChimiXurros”, y a entender que mejor salir a la calle en carnavales sin nada de motor.

Actualmente soy miembro de deshonor del “Grupo Menor Los Chirigallos”, y sobre esto nada más que decir.

Uno de los culpables de cientos de coros improvisados sin nombre, e integrante del Grupo Titular de la “Asociación de Coros y Danzas Extremadura” de Badajoz.

Parroquiano de la Buhardilla, y si me invitas a una copilla, o en su defecto, me cantas una coplilla, puede que te cuente mis cosillas.

Twitter: @PondelaMaya

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