MIÉRCOLES DE CENIZA

Artículo de opinión.

Felipe Moreno León.

Puede que el día de hoy vaya de ayuno y abstinencia, pero lo reconozco, voy a pecar. Ya tengo macerando mi filete de ternera irlandesa para comer, mi pinta de Guinnes esperándome en el pub para despedir a una amiga mallorquina que se vuelve a España, y quién sabe lo que puede pasar luego. El único ayuno que puede tener un carnavalero a día de hoy son las pocas ganas que te quedan después del empacho de “alegría gastronómica” después de tantos días a tope, y el síndrome de abstinencia que te posee por el hecho de dejar de consumir carnaval “en vena” forzosamente.

Hasta desde Irlanda, país súper católico, republicano, liberal, profundamente europeo, y llevando todos esos ingredientes por bandera (la de la paz entre católicos y protestantes, que tanto dolor trajo, y tan felices les hace hoy día), se puede sentir ese síndrome, aunque me permito el lujo de seguir disfrutando de esas noticias que llegan al rebufo de su Entierro de la Sardina hasta estas orillas.

Este año he vivido “mi primera vez”. Y creo que todo el mundo debería tenerla. Treinta y cinco años he esperado para vivirlo. Y no hay mal que por bien no venga, pues he elegido una compañera de baile inigualable para vivir este momento. Ha merecido la pena. Y os explico por qué. Cuando un carnavalero, de los apasionados, se pone su disfraz y sale a la calle y está lloviendo, sufre. Cuando ese mismo carnavalero, se pone su disfraz en sus días grandes, sale a la calle, y no hay mucha gente disfrazada disfrutando. Sufre. Cuando el mismo, lo primero que hace es ver el periódico para ver si ha habido incidentes, sufre. Cuando va al Teatro López de Ayala, y hay espectadores que con gritos intentan condicionar la opinión pública, jurado, prensa y demás, sufre. Cuando va a un Gran Desfile de Comparsas, y ve familiares de grupos de la región anticipándose de la animadversión que en Badajoz hay a los que vienen fuera de la capital, y los “de la casa” que sienten cómo vienen de fuera a “robarle” lo que es suyo, sufre.

Quienes me conocen, saben, que lejos de ser negativo o derrotista, querido paisano, he de decirte que el hecho de irme ha quitado el disfraz de “carnavalero apasionado” para ser un “carnavalero oxigenado”. Este carnavalero, que ha sufrido casi tanto como ha disfrutado, ha disfrutado como nunca viendo la alegría que desprende “nuestro” carnaval por todos sus lados. No os podéis imaginar la imagen tan grandiosa que proyectáis, así como el trabajo de, no sólo pregoneros, sino de “embajadores” que hacéis. Así como no os podéis imaginar el lugar al que queda relegada toda disputa “hortera” y cateta a la que en ocasiones nos encomendamos. ¿Con esto qué quiero decir?, pues que lo que se respira es un “pueblo” con ganas de expresar todo lo que tiene guardado durante el resto del año, de salir a la calle y vestir una ciudad abandonada, de decirle a “los promotores” de nuestro carnaval actual que estamos dispuestos a coger el testigo que nos dejan para llevarlo a metas Internacionales, 80.000 personas que se rinden durante 7 horas de desfile a 7300 obras de arte de música, danza, disfraces, espectáculo y humor, y ve a una región implicada en un carnaval que ya lo consideran como suyo, así como una ciudad que se siente orgullosa de haber sido el germen de crear esta filosofía más allá de sus murallas. Paisanos, que esto no va de convencer a un rival que es rival sólo por un puñado de horas, y que luego pasa a crear una amistad irrompible, y quien lo vive, lo sabe. Que esta historia va mucho más allá.

¿Os habéis parado a pensar cuántos lugares en el mundo generan tantas músicas, letras, ritmos, coreografías, y un largo etcétera de ingenio y arte?, ¿lo habéis pensado realmente?. Estamos en un nivel de excelencia, el cual debe estar aparejado de infraestructura, inversión y apuesta real para lograr ese reconocimiento internacional, que sólo debe darnos fuerzas para seguir trabajando en nuestra labor de embajadores por el mundo de nuestro carnaval.

Ciudades alrededor del mundo compran talento para poner sus ciudades en el mapa, nosotros no necesitamos subvenciones, no necesitamos comprar nada, necesitamos invertir en lo que ya tenemos, cuidarlo y e invitar al mundo a que disfruten tanto como nosotros lo hacemos. De hecho, con o sin ayuno o abstinencia, no hacerlo sí que sería un gran pecado, y creo que un Miércoles de Ceniza puede ser un buen día para empezar de nuevo.

 

Felipe Moreno León

Lolo López

Seguidor empedernido de todo lo relacionado con el carnaval de Badajoz y con la ciudad en general (con cierto regusto a turrón duro). AGUANTE CARNAVAL!!

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